¿Recuerdas tu primera experiencia sexual? Conoce como fue la de mi protagonista en este fragmento de "Bisexual".
Cuando
conoció a Sergio, Elena no tenía ninguna experiencia sexual. Nunca le habían
llamado la atención los muchachos de su edad. Tuvieron, además, un noviazgo muy
tradicional, y hasta el día de su matrimonio nada más se habían besado. Era
virgen y no sólo porque su himen no estuviera desgarrado. Jamás se había
permitido tener pensamientos relacionados con el sexo. No le interesaba, o para
ser más exactos, lo rechazaba, y ahí, por supuesto, estaba claramente impresa
la huella del juicio materno. En los libros, se saltaba todas las partes que fueran
nada más ligeramente eróticas; en las películas, se tapaba los ojos para no
verlas.

Cuando
en el hotel, por primera vez Sergio se desnudó frente a ella, Elena no cerró
los ojos. Había visto los órganos masculinos en los dibujos de los libros y
tenía mucha curiosidad por verlos en la realidad. El de su marido le pareció
hermosísimo.
Cuando
alargó la mano para tocarlo, lo sintió estremecerse y vio que unas pequeñas
gotas brotaban de su punta. Siguiendo un impulso totalmente involuntario,
acercó su rostro y las lamió.
Sergio
entonces retuvo su cabeza allí y con dulzura, le pidió que chupara un poco más.
Ella obedeció y siguiendo sólo algunas breves indicaciones, continuó
haciéndolo, de manera algo torpe, pero sin duda muy efectiva. Al sentir por
sorpresa aquel líquido baboso en su boca, sí estuvo a punto de vomitar, pero
pronto comprendió de qué se trataba y se lo tragó sin aspavientos, pasándose
incluso la lengua por los labios, para limpiar los restos que quedaban en
ellos.
Una
semana después regresaron a la ciudad y Julia quedó sorprendida al observar el
notable cambio operado en Elena. No era algo que se pudiera palpar, pero ahí
estaba, en el brillo de sus ojos, en su modo de andar más suelto y airoso, en
el insinuante movimiento de sus caderas, en el modo en que sus pechos se
proyectaban, provocativos, hacia delante... Toda ella resplandecía.
Cuando
sorprendió la primera mirada de complicidad entre los recién casados, ya no
tuvo ninguna duda. Se acariciaban con los ojos, anticipando el momento en que
estarían solos y podrían volver a hacerlo con las manos. Sí, en contra de todos
sus pronósticos, aquella luna de miel había sido un éxito rotundo.
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