viernes, 22 de marzo de 2013

Relato erótico: MUJER TRANSPARENTE

     Cuando escuchó su voz, Julia dejó de manipular el control de la radio y se quedó en esa emisora. Tenía en el equipo un CD suyo, que ya había escuchado miles de veces, pero era mucho más emocionante cuando una canción la tomaba por sorpresa. Más si, como hoy, se trataba de una canción nueva. Ya estaba algo avanzada, pero a medida que escuchaba la letra iba sintiendo cada vez mayor emoción.
    Hablaba de una chica a la que siempre había tenido cerca y a quien prácticamente había ignorado, sin darse cuenta de que era la mujer de su vida. No mencionaba el motivo de la cercanía, pero aludía a las veces que había sentido sus manos sobre la piel, y en las que casi podía sentir el calor de su aliento en su cara, mientras seguía sin reparar en su existencia. Y el dilema en la canción era que él no sabía ahora cómo romper el hielo y acercarse a ella, aun siendo un hombre que nunca dudaba a la hora de conquistar a una mujer.
    Aún sonaban los últimos acordes de la canción, y Julia estaba casi segura de que hablaba de ella. ¿Qué otra podía haber estado tan cerca de él, como aquella que lo preparaba para cada concierto, lo maquillaba, peinaba, y cuidaba de que su ropa estuviese a punto? Y él, en efecto, no podía notarla menos. Sabía que estaba ahí, a veces hasta le comentaba algo sin importancia, pero Julia se sentía como si fuera transparente y él mirara a través de su cuerpo. O peor, como si se tratara de un mueble más del camerino. Y cuando regresaba de cantar –y casi siempre ya tenía esperando a alguna chica con la que se iría a cenar, tal vez a bailar y más tarde al hotel–, menos aún reparaba en la infeliz que le quitaba el maquillaje y le aplicaba en el rostro lociones para que luciera fresco a pesar del cansancio.
    Esa noche había concierto, y Julia se fue para el teatro con una actitud totalmente diferente. Siempre vestía con discreción, procurando pasar desapercibida, pero esta vez se puso una blusa muy escotada, de la que sus senos sobresalían, tentadores. Se dejó el pelo suelto y hasta se perfumó suavemente. Tenía que darle a entender a aquel cantante de moda para quien trabajaba desde hacía más de dos años, que ella había captado su mensaje, y dejarle el camino abierto para que la abordara.
    Le parecía un poco raro que él no se decidiera a hablarle, siendo como era tan extrovertido y estando tan acostumbrado a tomar siempre todo lo que quería sin pedirlo. Pero así eran los hombres de incomprensibles. A ella le tocaría hacerle saber que siempre lo había amado en silencio y que solo esperaba por un gesto suyo para caer rendida a sus pies.  
    Desde el principio la táctica pareció resultar. Ya cuando entró al camerino, por la cara de asombro que le dirigió, podría pensarse que la estaba viendo por primera vez. Pero no, eso no era posible. Ya tenía que haberse fijado en ella si le había hecho aquella canción. Debía ser solo el impacto por el cambio.
    Luego, mientras lo maquillaba, notó que dirigía varias miradas indiscretas a su escote. Eso le dio valor y mientras lo peinaba, se movió de modo que uno de sus senos quedara muy cerca de su mejilla. Cuando por los mismos movimientos que le exigía el peinado, hizo ademán de apartarse, él la retuvo, tomándola de la cintura y hundió el rostro entre sus pechos.
    En ese momento tocaron la puerta para avisarle que ya tenía que salir al escenario. Se incorporaron y ella terminó de arreglarlo.
    –Después del concierto, seguimos con esta charla le dijo antes de salir.
    Julia se quedó un poco decepcionada. Después de escuchar la canción, había soñado con que todo fuera mucho más romántico. Comprendía, no obstante, que esa era la única manera que él conocía de acercarse a las mujeres. La poesía se quedaba en las letras de las canciones, en la vida real siempre se comportaba como un patán. Ya lo conocía, no era ninguna sorpresa. Y en definitiva, ¿qué importaban esos detalles? Si ese patán llegaba amarla nada más una cuarta parte de lo que ella lo amaba a él, con eso se daría por satisfecha. 
    Esta vez no se conformó con quedarse escondida entre bastidores, como siempre hacía. Consiguió uno de los primeros asientos destinados al equipo y no le quitó los ojos de encima en todo el concierto. En determinado momento, él reparó en su presencia allí y le hizo un guiño de complicidad. 
    Desde ese momento, no dejó de mirar a cada rato en su dirección. Julia estaba convencida de que en su mente le dedicaba cada una de las canciones. Y cuando anunció el estreno y cantó la que ella había escuchado esa tarde en la radio, no le quitó los ojos de encima ni un segundo. Ahora sí estaba segura, ¡la canción era para ella!
    Cuando él regresó al camerino, Julia ya lo esperaba allí. Cerró la puerta con seguro y se abalanzó sobre ella. De un tirón le abrió el escote, dejando al descubierto sus pechos, que de inmediato comenzó a besar y mordisquear con ansiedad, mientras sus manos presurosas se le metían bajo la falda y aferraban sus nalgas, haciéndola pegarse a su pelvis, y sentir su erección. Julia no pudo dejar de notar que todo aquello era un poco brusco, y que le hubiera gustado una actitud algo más tierna, pero otra vez en su mente buscó el modo de justificarlo.
    El hombre ya estaba succionando con fruición uno de sus pezones, y una de sus manos bajo la falda había acanzado la zona más húmeda y comenzaba a hacer movimientos circulares. Julia dejó de pensar y se abandonó al placer. Cuando más tarde se tendieron cruzados sobre el diván del camerino y la cabeza del hombre se hundió entre sus muslos, mientras los labios de ella subían y bajaban por su miembro erecto, solo alcanzó a pensar que nunca había sido tan feliz. Y cuando por fin él la penetró, sintió como si todo el lugar de pronto se llenara de luces de colores. Era como si, de improviso, hubiera llegado la Navidad.
    Él no fue nada considerado, la tomó con fuerza y sin miramiento alguno, pero Julia lo achacó a la pasión, tanto tiempo contenida, y alcanzó a cerrar los ojos a tiempo para vibrar con el orgasmo más estremecedor que recordaba haber experimentado en su vida. El hombre llegó a su clímax momentos después y cayó desplomado sobre ella, demasiado extasiada para poder notar que no solo no había tenido un solo gesto de cariño, sino que ni siquiera la había besado en la boca.
    Al fin él se incorporó y comenzó a ponerse la ropa sin mirarla. Julia pensó que ahora le diría que se fuera con él al hotel, para cenar y terminar de pasar la noche juntos. Pero aquello no estaba para nada en sus planes.
    –Espérate para salir a que me haya ido, hay una chica esperándome en el auto –le dijo secamente.
   Julia sintió como si le echaran encima un balde agua fría, y encima de eso, la apalearan. Al ver su expresión de perplejidad, él pareció recordar algo y se llevó la mano al bolsillo. 
 Toma, para que te vayas en taxi a tu casa –le soltó, mientras le extendía un par de arrugados billetes de cien.
   Al ver que Julia se quedaba todavía más pasmada mirándolo, mientras los billetes caían al suelo, debió comprender que se le había ido la mano. Entonces, con una sonrisa insinuante, se acercó a ella y le pasó el dorso de la mano por la encendida mejilla, en un gesto que pretendía ser tierno, pero que a ella se le antojó aún más humillante.
    – Tienes mucho potencial, ¿sabías? Tenemos que repetirlo uno de estos días…
    –Pero… –apenas logró articular Julia, cuando ya él casi alcanzaba la puerta–. ¿Y la canción?
    –¿Cuál canción? –preguntó, deteniéndose, ya con cierta impaciencia en la voz.
    –La nueva, la de la mujer transparente…
   –Ah, esa… Bonita, ¿verdad? Yo diría que hasta conmovedora, ¿a que sí? Supe que sería un éxito, desde que un amigo me comentó lo que le había pasado a su abogado. Imagínate que luego de varios años de verla regularmente, el hombre de pronto descubrió ¡que estaba enamorado de su masajista!
    Y guiñándole un ojo, terminó de abrir la puerta y salió, cerrándola de nuevo tras de sí.


Si quieres seguir leyendo, encuentra otros relatos aquí

4 comentarios:

  1. A mí me ha gustado y no me parece cruel. Para mí es irónico, romántico y tristemente real. Así es la vida. Una tras otra.

    ResponderEliminar
  2. Ricardo tiene razón. Es cruel para ella pero si es verdad que nos autosugestionamos a veces y vemos lo que queremos ver (o en este caso más que nada oímos).
    Muy triste...
    Pero la verdad es que un final feliz era imposible.
    Me ha gustado mucho.

    ResponderEliminar
  3. Tienen razón, uno se sugestiona y ve lo que quiere ver. Decía lo de cruel porque me daba lástima con la protagonista al final, dejarla así... Por eso ni describí cómo se sintió después, eso todo el mundo se lo puede imaginar

    ResponderEliminar
  4. Esto ocurre a diario! Por eso el truco de la mujer es: no ilusionarse! Es difícil pero al final nacen frutos, a mi sí me ha funcionado bien. Saludos

    ResponderEliminar