sábado, 18 de enero de 2014

Divagando sobre un reencuentro (Fragmento de COMO A UN PRIMER AMOR)


Cada día, en los últimos años, había tratado de recrear ese encuentro, preguntándose qué haría al ver a Ignacio, cómo se acercaría a él, qué le diría... Pero siempre había preferido esperar para saber cuál sería el escenario donde ocurriría todo, para entonces improvisar. Y ahora ya lo sabía, tenía el sitio exacto, de modo que se puso a considerar mentalmente varias opciones.
La más clásica era simplemente llegar y pararse frente a él, diciendo alguna frase (de preferencia muy cinematográfica) que lo obligase a mirar. Ignacio entonces la vería y ella podría controlar su reacción ante la sorpresa. Era buena idea, pero la desechó, se le antojaba excesivamente cargada de tensión y no se sentía en capaz de mantenerse ecuánime y dueña de sí hasta el final. Siguió pensando. Tal vez podría acercarse furtivamente por detrás y cubrirle los ojos, obligándolo a adivinar de quién se trataba. No, demasiado infantil...
También podía utilizar la variante de su cuento, ésa de fingir ser alguien que no consigue mesa y llegar con una bandeja, pidiéndole permiso para sentarse en la suya. Unos meses atrás, para una de las evaluaciones de un curso de Literatura al que asistía, había escrito un cuento sobre ese mismo tema. Trataba de una mujer que buscaba a su amor perdido y al fin lo encontraba, en una concurrida cafetería. Y como estaba tan nerviosa que temía acercarse de frente, usaba justo esa estratagema. 
     Sonrió. Acababa de darse cuenta de que, sin recordar para nada la historia del café en la playa, ella siempre había imaginado su reencuentro con Ignacio en un escenario similar. Claro que aquel cuento luego se le había ido de las manos, ¡y de qué manera! Según su idea inicial, los personajes debían reconocerse y darse cuenta de que aún se amaban, sin embargo, habían cobrado vida propia y hecho cosas tan inesperadas, que al final todo resultó un absurdo equívoco y cada cual acabó yéndose por su lado. Aquello la tomó casi por sorpresa, pero el cuento terminó quedando muy bien y decidió dejarlo así.
Descartó de inmediato esa otra manera de acercarse a él. No era cosa de arriesgarse. En el cuento precisamente aquel modo de abordarlo fue el que hizo que se complicara toda la historia, y si ella en un pedazo de papel no había podido controlar las cosas, ¿qué no podría pasar en la realidad? No, tenía que ser de otra forma. Pero ahora no se le ocurría nada más.
Ni modo. De nada serviría planificar algo de antemano. Llegaría allí y haría lo que le dictara la intuición. 

¿Te llama la atención la novela? Aquí tienes otro fragmento y una breve sinopsis.