martes, 24 de junio de 2014

Una situación incómoda (Fragmento de PIEL DE NARANJA)


   La voz de Sandra, que hasta el momento ha estado hablando con un ritmo constante y sostenido, comienza a quebrarse en las últimas frases. Clava sus ojos en Rubén y con ellos parece suplicarle auxilio para no desmoronarse.

   Él se pone de pie y se acerca al diván. Cuando se sienta a su lado, Sandra ya ha comenzado a llorar y lo hace desconsolada y convulsivamente, con la cara hundida entre las manos. Rubén le acaricia la cabeza, separando de su frente el cabello, ya húmedo de sus lágrimas. Ella se vuelve y lo mira con sus grandes ojos muy abiertos e interrogantes. Luego se aferra a su torso y descansa la cabeza en su pecho. Su llanto es tan abundante, que pronto atraviesa la tela de la bata, mojando la piel del hombre.
    La rodea con sus brazos, mientras hace enormes esfuerzos por mantenerse ecuánime. Es la primera vez que ella se muestra vulnerable en su presencia y Rubén se encuentra de repente sin saber cómo manejar una situación que, con cualquier otra paciente, resultaría pura rutina.
   Porque una cosa muy diferente es estar ahí, tan cerca de Sandra, sintiendo su cuerpo cálido temblar contra el suyo. Un agradable cosquilleo comienza a invadirlo, mientras el tenue perfume de los cabellos de la muchacha, que casi rozan su nariz, amenaza con embriagarlo. El deseo, que sesión tras sesión ha ido anidando en su cuerpo, solapándose tras su serena máscara profesional, se desata, poderoso, y ya está temiendo que la chica abrazada a él termine por notar que la sólida roca a la que cree estarse aferrando, tiembla más aún que ella misma y no por las mismas razones.
    Para su tranquilidad, Sandra se calma pronto y algo avergonzada por su debilidad, se levanta y se refugia en el baño. Rubén se queda ahí, sintiéndose sumamente incómodo y hasta culpable. Nunca antes había permitido que en una terapia sus sentimientos salieran a flote de ese modo.
   –Bien, Sandra, creo que se nos terminó el tiempo –bromea, al verla salir del baño, con la cara recién lavada y otra vez correctamente peinada.
    Ella sonríe primero con timidez, luego alza los ojos hacia él y lo envuelve en una mirada tan tierna, que Rubén casi puede sentir que lo acaricia
    –Perdóname todo este show, por favor, sabes que no acostumbro a ponerme tan tonta. Aunque en parte es tu culpa. Me haces sentir tan cómoda, que me olvido de que nada más eres mi psicólogo y…
    “Puedo ser lo que tú quieras que sea”, acude de inmediato a los labios de Rubén, a quien la pasión está a punto de hacerle perder la poca sensatez que aún conserva de su lado. Por suerte, la muchacha no le da tiempo a hablar. 
    –No sé qué es lo que haría sin ti –dice mientras camina hacia él–. ¿Ya te he dicho que te adoro?
   Rubén la ve acercarse y comienza a temblar, anticipando un nuevo contacto. Ella lo sigue mirando del mismo modo y por unos instantes, casi podría a jurar que es amor lo que reflejan esas verdes pupilas.
    Sandra llega junto a él y le da un sonoro beso en la mejilla. Luego se aparta y haciendo una graciosa señal de adiós con la mano, sale del consultorio.

   El alma de Rubén vuelve a abandonar su cuerpo. Todo no fue más que pura ilusión. Ella actuó con la misma espontaneidad de siempre, no hubo sombra de coquetería en su gesto. Lo aprecia, le está agradecida, lo necesita para desahogar sus angustias, pero nada más. Jamás lo ha visto como hombre, él nunca provocará en ella ese deseo salvaje que siente por aquel energúmeno de rizos afeminados y trasero sobresaliente, que aún la mantiene hechizada y a sus pies, a pesar del modo nefasto en que la trata.  
   En ese momento, siente que odia con todas sus fuerzas a aquel hombre y que sería capaz de cualquier cosa por hacerlo desaparecer del mapa. 


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2 comentarios:

  1. Hola, me llamo Mamen y aquí te dejo mi novela, Encrucijadas. http://www.amazon.es/ENCRUCIJADAS-Mamen-Gargallo-Guil-ebook/dp/B009991H5A

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